Dentro de la industria de la moda hay mucho de qué hablar. Tendencias, modas, plagios, falta de identidad, colapso creativo. La conversación suele girar en torno a lo visual, a la imagen y al mensaje que transmiten las piezas diseñadas. Sin embargo, la indumentaria no es solo un lenguaje visual: las prendas son, antes que nada, una necesidad.
La ropa cubre el cuerpo, protege, abriga, debe ser cómoda, suave al tacto y calzar correctamente. Ahora bien, ¿qué es lo que hace posible todo eso? ¿El diseño? En parte sí: la forma en que una prenda está pensada puede orientarse a la funcionalidad. Pero el verdadero sostén está en otro lugar: el textil elegido, la confección adecuada y una moldería precisa.
No voy a mentir: diseñar es hermoso. Siempre hay un camino conceptual, una guía, una historia que contar. Pero nada de eso sería posible sin los estudios necesarios para materializar cada prenda. Y este es un tema del que se habla poco, al menos en Argentina. Las carreras suelen estar enfocadas en el diseño, pero no tanto en la cadena productiva. Se enseña poco sobre el manejo de un taller, la experimentación en moldería, el funcionamiento de una tirada, la encimada y el corte.
Son conocimientos que se adquieren estudiando o, muchas veces, a fuerza de experiencia. Pero créanme: si te lanzás a crear una marca sin dominar estos procesos, todo se vuelve cuesta arriba.
¿Sabías que el proceso de corte es uno de los puntos donde más inversión podés perder si no hacés un control correcto? Muchas veces se subestima esta etapa. Se cree que cortar puede hacerlo cualquiera, que no requiere precisión. Sin embargo, una mala ubicación de las piezas, un cálculo incorrecto o incluso una pieza torcida pueden generar pérdidas importantes. Una prenda puede encarecerse considerablemente solo por haber separado mal las piezas en la encimada. Y si no existe una ficha de corte clara, la tela puede desaparecer sin que nadie note el error.
Lo mismo sucede con la confección. ¿Cuántos diseñadores conocen realmente los distintos tipos de confección que puede tener una prenda? Facilitar el proceso productivo no es un detalle menor. Si no se sabe cómo simplificar la confección sin perder calidad, el resultado puede ser una prenda más cara, mal terminada o directamente rechazada por el taller por no tener un proceso claro y correcto.
Entonces, la pregunta es inevitable: ¿Por qué se le da tan poca importancia a lo que es, en realidad, lo más importante? ¿Por qué el diseño tiene más peso que la elaboración?
Mi conclusión —después de años de experiencia— es que la baja calidad instalada en el mercado argentino hizo que el usuario no siempre distinga cuándo una prenda está bien materializada. Se compra igual. Por lo tanto, para muchas marcas, no es un factor decisivo. Si el diseño funciona, sigue la tendencia y capta miradas, se vende.
Esto deja en evidencia un problema estructural: el mercado está preparado para vender, pero también para desechar. Se vende porque los profesionales están formados para diseñar con visión. Se descarta rápido porque no siempre están preparados para producir con calidad.
Y ahora te pregunto a vos:
¿Diseñás y sentís que te falta información para llevar una marca adelante?
¿O creés que hoy tenés las herramientas necesarias para sostenerla en el tiempo?